Haga clic aquí para ver la versión en PDF
Introducción
Hace varios años, visité una gran lechería en Europa del Este. Recuerdo estar de pie en un corral de terneros recién destetados, conversando con un colega sobre lo que observábamos en la cama. A primera vista, no parecía nada fuera de lo común—simplemente estiércol sobre la paja. Pero para alguien que trabaja con terneros, aquello contaba una historia muy diferente. El estiércol era una clara indicación de que algo no estaba funcionando bien en la digestión y, en última instancia, en la dieta que estaban recibiendo esos animales.
A lo largo de los años, he recopilado muchas fotos como esta en granjas de todo el mundo. Puede que no sean las imágenes más atractivas para traer de regreso de un viaje internacional, pero con frecuencia son las más informativas. El estiércol, cuando lo observamos con atención, puede revelar mucho sobre el funcionamiento nutricional de los terneros.
Un escenario común
En otra granja, esta vez en Asia, observé una situación que ayuda a explicar lo que estaba ocurriendo. Los terneros habían sido destetados recientemente y trasladados desde jaulas individuales a un corral grupal. Al mismo tiempo, su dieta estaba cambiando. El productor los pasó de un iniciador texturizado a un alimento peletizado de crecimiento y comenzó a ofrecerles forraje por primera vez.
Sobre el papel, este enfoque puede parecer razonable. Los terneros tenían acceso al forraje y el alimento peletizado estaba disponible en el comedero. Sin embargo, el acceso no siempre se traduce en consumo. En este caso, los terneros ingerían muy poco forraje y consumían principalmente el alimento peletizado, que era relativamente alto en almidón. Además, estos animales habían sido destetados solo unos días antes, y sus rúmenes aún no estaban completamente desarrollados.
Lo que nos mostró el estiércol
La evidencia más reveladora se encontró en el estiércol. Al observarlo con detenimiento, se podían ver pequeñas burbujas. Estas burbujas se forman cuando las bacterias fermentan nutrientes no digeridos—particularmente almidón—en la parte posterior del tracto digestivo, liberando gases como dióxido de carbono y metano.
Esta observación no es solo una curiosidad. Indica que una parte del almidón de la dieta no está siendo fermentada y absorbida adecuadamente en el rumen. En su lugar, pasa a lo largo del sistema digestivo y se fermenta más tarde, donde contribuye poco al crecimiento del ternero. En términos prácticos, se están desperdiciando nutrientes y el animal no está creciendo con la eficiencia que podría.
¿Qué está pasando dentro del ternero?
El problema subyacente es una alteración en la fermentación ruminal. Cuando los terneros consumen grandes cantidades de carbohidratos altamente fermentables, los microorganismos del rumen producen rápidamente ácidos grasos volátiles, especialmente propionato y butirato. Este proceso reduce el pH del rumen.
En un rumen bien desarrollado, existen varios mecanismos que ayudan a mantener el pH dentro de un rango saludable. Los ácidos grasos volátiles se absorben a través de la pared ruminal y la saliva aporta capacidad de amortiguación. Sin embargo, en terneros recién destetados, estos sistemas aún no están completamente funcionales. La absorción es limitada y la producción de saliva puede no ser suficiente para contrarrestar la carga ácida.
A medida que el pH del rumen disminuye, las condiciones se vuelven desfavorables para las bacterias que digieren fibra y para los protozoarios. Los patrones de fermentación cambian aún más y, en casos más severos, puede acumularse ácido láctico. El resultado final es la acidosis ruminal. Una consecuencia visible es el paso de almidón no digerido hacia las heces, donde puede ser fermentado por microorganismos, produciendo las burbujas que observamos.
Un problema cada vez más común
Situaciones como esta son cada vez más frecuentes, especialmente en granjas que suministran grandes volúmenes de leche antes del destete. Estos terneros a menudo tienen menos incentivo para consumir alimento iniciador en las primeras etapas de vida, lo que puede retrasar el desarrollo del rumen. Cuando son destetados y expuestos repentinamente a alimentos sólidos—especialmente aquellos ricos en almidón—pueden no estar fisiológicamente preparados para manejar este cambio.
Sin un desarrollo adecuado del rumen y sin suficiente fibra físicamente efectiva en la dieta, el riesgo de acidosis aumenta.
Aprender de lo que vemos
El estiércol es una de las herramientas diagnósticas más simples y valiosas disponibles en una granja. Refleja lo que está ocurriendo dentro del animal en tiempo real. Cuando las heces contienen burbujas, es una señal clara de que la fermentación está ocurriendo en el lugar equivocado y que se están perdiendo nutrientes.
Observaciones como estas deben llevarnos a examinar con mayor detalle la dieta y el programa de alimentación. ¿Están consumiendo los terneros suficiente fibra? ¿Ha sido demasiado abrupta la transición al destete? ¿Está el rumen preparado para el tipo de alimento que se está ofreciendo?
Manejo de la transición
El período alrededor del destete es una de las etapas más críticas en el desarrollo del ternero. Las dietas deben diseñarse no solo para aportar nutrientes, sino también para apoyar el desarrollo y funcionamiento del rumen.
Un enfoque práctico es incluir una cantidad moderada de fibra efectiva en la dieta. Por ejemplo, incorporar heno de gramínea picado en aproximadamente un diez por ciento de una ración totalmente mezclada en seco puede ayudar a estabilizar la fermentación ruminal. La fibra estimula la masticación y la producción de saliva, lo que contribuye a mantener un pH más estable. También favorece el crecimiento y la actividad de los microorganismos que digieren fibra, esenciales para la salud ruminal a largo plazo.
Ofrecer forraje a libre elección puede no ser suficiente, ya que los terneros no siempre lo consumen en cantidades adecuadas. Integrar la fibra directamente en la ración ayuda a asegurar un consumo más consistente.
Mensaje final
Los terneros requieren un equilibrio cuidadoso de nutrientes y características físicas en su dieta, especialmente durante la transición de la leche al alimento sólido. Aunque los alimentos ricos en energía pueden favorecer el crecimiento, deben complementarse con suficiente fibra para mantener el funcionamiento normal del rumen.
Una observación sencilla—como la presencia de burbujas en el estiércol—puede proporcionar una advertencia temprana de que este equilibrio se ha alterado. Prestar atención a estas señales permite realizar ajustes oportunos y mejorar tanto la eficiencia como el desempeño de los animales.
Los terneros, en realidad, necesitan un poco de celulosa en su dieta. Si se les deja elegir completamente por sí mismos, no siempre toman las mejores decisiones. Es nuestra responsabilidad diseñar programas de alimentación que los guíen en la dirección correcta.